Afuera las camillas recorren el largo y ancho pasillo con pacientes prontos a ser intervenidos, también transitan carros con instrumental e insumos. El agetreo del exterior contrasta con la calma concentrada de quienes se preparan para intervenir en el territorio más complejo de la anatomía humana. Desde Arica hasta Copiapó, estos pabellones se erigen como la última frontera médica del extremo norte de Chile: el centro de referencia donde convergen las patologías más severas, las complicaciones que ningún otro lugar pudo resolver y las historias de cientos de familias que buscan una oportunidad de vida sin tener que migrar hacia la capital.
Durante años, la escasez de especialistas en las zonas extremas del país parecía un destino inevitable. Sin embargo, en los pasillos de la Unidad de Cirugía Digestiva Alta del Hospital Regional de Antofagasta, una silencioso trabajo comenzó a gestarse hace casi una década. Una transformación articulada hombro a hombro entre el mencionado recinto médico y la Universidad de Antofagasta, demostrando que formar profesionales en la propia tierra no solo crea especialistas, sino que siembra arraigo, lealtad y una mística de equipo difícil de replicar.
La visión de un puzle quirúrgico: El Dr. Nasser Eluzen
Para comprender la magnitud de este avance hay que remontarse a la llegada del doctor Nasser Eluzen. Con su título de cirujano digestivo recién obtenido, divisó un panorama disperso. El equipo abarcaba una inmensidad de demandas disímiles que ahogaban la posibilidad de profundizar en las patologías más complejas. La solución no fue traer más instrumental, sino reestructurar el pensamiento y la forma de trabajar.
Hace aproximadamente seis años, comenta el Dr. Eluzen, el hospital tomó la decisión estratégica de dividir las aguas: por un lado, un equipo de cirugía general para hernias y vesículas; por otro, un equipo digestivo bajo para colon y recto; y finalmente, la unidad de cirugía digestiva alta, un equipo fogueado en dos frentes críticos: la patología esófago-gástrica y la hepatobiliopancreática.
El profesional rememora aquel punto de quiebre y los hitos que consolidaron al grupo:
«Con respecto a la evolución del equipo de cirugía digestiva, creo que lo primero que hicimos y que fue vital hace como 6 años ya, fue dividir los equipos… esa decisión fue muy importante. Con respecto a los hitos del equipo, bueno, hace 8 años llegué yo con mi formación de cirujano digestivo, luego el doctor Cristian Romero hizo un fellow de cirugía oncológica en la Fundacion Arturo López Pérez y actualmente la doctora Bárbara Carreño está terminando su formación como cirujana digestiva en la Universidad de Chile y vuelve con nosotros ahora en octubre.
Pero el engranaje no dependía solo de quienes viajaban a especializarse. La verdadera semilla del cambio estaba en la creación del programa de becados locales. Para Eluzen la estabilidad de la zona norte residía en formar cirujanos dentro del propio hospital.
El jefe de la unidad destaca el valor de esta alianza académica con la Universidad de Antofagasta:
«Nosotros hemos formado un equipo bien sólido no solo de cirujanos, sino también de compañeros. Un grupo donde cada uno aporta desde su experiencia, formación y compromiso, y donde sabemos que podemos contar unos con otros».
«El Dr. Bruno Solari, cirujano formado en la Universidad de Chile, se ha convertido en un apoyo enorme para nuestro equipo de Cirugía Digestiva. Además, es jefe de uno de los turnos de urgencia de nuestro hospital, asumiendo cada seis días una jornada de 24 horas en la que, junto a su equipo, debe enfrentar y resolver las distintas patologías quirúrgicas de urgencia que llegan al hospital. Una responsabilidad enorme que refleja su compromiso, capacidad y entrega»
«El Dr. José Siccha llegó desde el otro lado de la cordillera para potenciar nuestro equipo y rápidamente se transformó en una pieza muy importante. Además de su trabajo en Cirugía Digestiva, realiza semanalmente un turno de residencia, permaneciendo a cargo de nuestros pacientes hospitalizados, vigilando su evolución y resolviendo las necesidades y eventualidades que puedan presentarse.
También tenemos una beca de cirugía y ya lleva 6 años. Vamos a tener nuestra tercera generación de egresados para hacer un aporte sólido, potente para esta región, porque la mayoría de los cirujanos que estamos formando se están quedando en los diferentes equipos, en la urgencia, en la residencia y han reforzado nuestro grupo.
El orgullo del arraigo: La travesía de la Dra. Bárbara Silva
Entre los rostros que encarnan este triunfo local está el de la doctora Bárbara Silva Plasencia. Su historia refleja la resiliencia y el encuentro con una vocación que floreció al llegar a Chile desde Venezuela en 2018. Su primer acercamiento al Hospital Regional de Antofagasta fue en los turnos de urgencia como médica general. Allí, entre el ajetreo nocturno, conoció al doctor Eluzen —quien era el cirujano de su turno— y descubrió la fuerza de la cirugía en terreno.
Ingresó a la primera promoción de la beca de la Universidad de Antofagasta, convirtiéndose en el símbolo tangible de que el programa funcionaba. Hoy, integrada formalmente a la unidad, su gratitud hacia la región y el equipo es total.
La doctora Bárbara Silva relata así su paso de la urgencia al equipo de alta complejidad: me formé como cirujano general, egresada de la primera promoción de cirujanos de la Universidad de Antofagasta, muy orgullosamente. Ahora estoy trabajando acá en el hospital regional, en el equipo de cirugía digestiva alta, con el doctor Nasser Eluzen, que es una persona que admiro muchísimo y en verdad es un ejemplo a seguir», asevera.
«Desde que llegué a Chile estoy trabajando en el hospital y de verdad me ha gustado mucho poder ayudar. Siento que como cirujanos generales acá tenemos la ventaja que es región, que faltan especialistas, entonces quizás podemos hacer mucho más de lo que haríamos en otros lugares donde hay sobrepoblación. Me siento muy orgullosa y agradecida porque me ha permitido crecer tanto como persona como cirujano; he tenido la oportunidad de realizar cirugías bastante complejas y aprender muchísimo».
La hermandad del pabellón: El Dr. Cristian Romero
La historia de la unidad también se escribe con lazos de profunda amistad que se transforman en rigor profesional. El doctor Cristian Romero, cirujano general con subespecialización en cirugía digestiva oncológica realizada en la Fundación Arturo López Pérez (FALP), lleva seis años en la unidad. Su llegada al hospital tuvo tintes casi anecdóticos: coincidió en el primer turno del doctor Eluzen, cuando recién arribaba de Santiago, teniendo que orientarlo en los sistemas informáticos del servicio. Aquella noche germinó una hermandad que hoy sostiene el trabajo bajo presión.
Para Romero, la unidad no solo resuelve cirugías programadas; es el refugio de los pacientes que no tienen otra alternativa en el norte del país. El doctor reflexiona sobre el compromiso ético y la complejidad de los casos que reciben:
«La complicidad de los pacientes acá te obliga hasta cierto punto a que estés constantemente preparándote, constantemente buscando mejorar algo. Yo creo que ese es un énfasis en el equipo: seguir avanzando, seguir buscando la manera de resolver las complicaciones, porque nosotros nos dedicamos básicamente a resolver las complicaciones y los pacientes que no se pueden resolver en otra parte. Definitivamente este hospital se ha convertido en el referente de la zona norte, y nosotros nos estamos dando la tarea de poder darle respuesta a esos pacientes que necesitan ayuda».
La chispa de la nueva generación: La pasión de la Dra. Gabriela Pino
En el escalón más joven de esta estructura, llenando los pasillos de una energía contagiosa, se encuentra la doctora Gabriela Pino Núñez. Llegó al hospital hace ocho meses como médica general para apoyar al servicio de cirugía, pero su norte siempre estuvo claro: ser cirujana desde que tiene memoria.
Gabriela no estudió en Chile; realizó su carrera en Bolivia. Al regresar, se encontró sola, sin redes de contactos ni internados previos en la red pública chilena que le abrieran puertas. Su ingreso al equipo parece sacado de un guion de cine: un mensaje a las cinco de la mañana solicitando un médico general con vocación quirúrgica. A las seis, ella ya estaba respondiendo con la determinación que la caracteriza.
Como médica de apoyo, Gabriela realiza la preparación prequirúrgica de los pacientes —monitoreando nutrición y electrolitos— y su posterior seguimiento postoperado. Sin embargo, su verdadero santuario es el pabellón.
La doctora Gabriela Pino describe con frescura y autenticidad lo que sintió al entrar por primera vez al pabellón junto al equipo:
«La primera vez estaba calladita, súper piolita, ni siquiera respiraba, porque claro, estaba con grandes cirujanos ahí. El día antes estudié, me preparé; tenía mucho miedo de que me hicieran preguntas. Me preguntaron pocas cosas y no las supe responder, pero eso me motivó a estudiar más», recuerda en medio de una sonrisa.
«Pasaron cuatro años desde que salí del internado hasta volver a entrar a un pabellón. Para mí ha sido prácticamente color de rosas. A veces me toca mirar, algunas veces asistir, pero sea como sea la forma en que esté adentro, para mí es ganancia. A veces me dicen: ‘Gaby, ¿quieres poner el corchete?’ Y yo digo: ¡síiii, por favor! Es mi máxima emoción. Puedo hacer un puntito y ya me emociono».
Actualmente, Gabriela se prepara intensamente para postular a la beca de especialización el próximo año. Su entusiasmo es el reflejo vivo del relevo generacional que la Unidad de Cirugía Digestiva Alta ha logrado consolidar.
Un faro de esperanza para la Macro Zona Norte
La historia de la Unidad de Cirugía Digestiva Alta del Hospital Regional de Antofagasta trasciende las paredes de sus quirófanos. Es el relato de cómo la visión académica, la formación local y la entrega de profesionales apasionados pueden transformar la realidad sanitaria de toda una Macro Zona Norte. Al formar a sus propios especialistas, el hospital no solo asegura la continuidad de sus operaciones, sino que le devuelve a la comunidad del norte la certeza de que, ante la enfermedad más compleja, hay un equipo de excelencia esperando para salvarles la vida.
