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Lunes, Enero 26, 2026
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Antofagasta territorio clave para la presencia de ballenas y cetáceos en el Norte de Chile

La costa de la Región de Antofagasta se ha consolidado como una de las zonas más relevantes del norte de Chile para la presencia de ballenas y cetáceos, convirtiéndose en un espacio estratégico para su alimentación y tránsito migratorio.

Así lo señaló la ecóloga marina e investigadora de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Biológicos de la Universidad de Antofagasta (UA), Maritza Malebrán Jiménez, quien además es directora de la Asociación Medioambiental Desierto Azul.

De acuerdo con la especialista, en las aguas regionales se observa una importante diversidad de cetáceos durante gran parte del año, destacando la ballena fin, especie que puede ser avistada de forma permanente. A ella se suman registros regulares de ballena jorobada y, de manera ocasional, la ballena franca austral y ballena azul, ésta última el animal más grande que ha habitado el planeta.

Entre los cetáceos de menor tamaño, son frecuentes los delfines oscuros, delfines nariz de botella y marsopas espinosas, mientras que especies como orcas, delfín de Risso y calderón de aleta corta se observan de forma estacional.

“La mayor concentración de avistamientos se registra principalmente en invierno y luego a fines de la primavera e inicios del verano, coincidiendo con desplazamientos migratorios y condiciones óptimas para la alimentación. Esto, es posible determinarlo gracias a la información científica y por la Red de Avistamientos de Cetáceos de la Región de Antofagasta”, explicó Malebrán.

Una zona de alta productividad marina

La investigadora destacó que sectores como la Bahía de San Jorge y la Península de Mejillones resultan especialmente atractivos para estos gigantes marinos debido a la alta productividad del océano, asociada a los procesos de surgencia de la corriente de Humboldt. Este fenómeno hace aflorar aguas frías ricas en nutrientes, favoreciendo el desarrollo de fitoplancton, base de la cadena alimenticia marina.

“Esto genera una gran abundancia de krill y anchoveta, que son alimentos clave para las ballenas. Por eso, Antofagasta funciona principalmente como una zona de alimentación, donde las ballenas recargan energía antes de continuar sus largas rutas migratorias. Si bien no se trata de un área de reproducción, cumple un rol ecológico fundamental dentro del corredor migratorio del Pacífico Sudoriental”, señaló la científica de la UA.

Recomendaciones para pescadores y navegantes

Frente a la creciente presencia de cetáceos en la zona, la especialista enfatizó la importancia de una convivencia responsable, especialmente por parte de pescadores artesanales, deportivos y patrones de embarcaciones.

“Si una ballena aparece de forma sorpresiva, lo principal es mantener la calma, reducir la velocidad y navegar de manera predecible. Si el animal está muy cerca, se recomienda poner el motor en neutro y dejar que sea la ballena la que se aleje”, indicó, recordando que la normativa vigente establece una distancia mínima de 100 metros.

Acercarse demasiado, explicó, implica riesgos tanto para las personas como para el animal, ya que puede generar estrés, alterar su comportamiento natural y provocar accidentes debido a movimientos inesperados como cambios bruscos de dirección o golpes con la cola y las aletas.

Señales de alerta y prevención de enmallamiento

Existen señales en el mar que pueden advertir la presencia de cetáceos antes de su avistamiento directo, como agrupaciones densas de aves marinas alimentándose, remolinos persistentes o soplidos visibles a distancia. Reconocer estas señales permite disminuir la velocidad y prevenir colisiones.

Asimismo, Malebrán subrayó el rol clave de los pescadores en la reducción del riesgo de enmallamiento, recomendando mantener redes y cabos en buen estado, retirar los artes de pesca cuando no estén en uso y reportar la pérdida de redes, ya que el llamado “arte fantasma” continúa atrapando fauna marina por años.

Qué hacer ante un cetáceo herido o varado

Ante el hallazgo de un animal herido o varado, la recomendación es no intervenir directamente. Se debe apagar el motor o mantenerlo en neutro y contactar de inmediato a SERNAPESCA y a la Autoridad Marítima, entregando la ubicación exacta. “Aunque la intención sea ayudar, una intervención inadecuada puede causar más daño y poner en riesgo a las personas”, advirtió la investigadora.

Ruido y basura: amenazas silenciosas

Finalmente, la investigadora alertó sobre el impacto del ruido submarino y la contaminación por basura. “Los cetáceos viven en un mundo dominado por el sonido. El ruido de motores puede interferir en su comunicación, orientación y alimentación, generándoles estrés y obligándolos a abandonar zonas importantes”, explicó Maritza Malebrán.

En cuanto a los residuos, recordó que los plásticos y restos de redes pueden provocar bloqueos digestivos, enmallamientos y la muerte de estos animales. “Cuidar el mar es una responsabilidad compartida. La presencia de ballenas en nuestras costas es un privilegio, pero también un llamado a protegerlas”, concluyó la investigadora de la UA.

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