Detectada en etapas iniciales, la enfermedad alcanza tasas de supervivencia a cinco años superiores al 99%. Frente a este escenario, el Servicio de Salud Antofagasta fortalece la red asistencial y la cobertura GES en toda la región, haciendo un llamado prioritario a derribar el miedo y acudir a los chequeos preventivos.
Considerado en Chile como la primera causa de muerte por patologías oncológicas en mujeres, el cáncer de mama representa un gran desafío para la salud pública. Esta enfermedad, que se origina por alteraciones en el ADN celular, provoca un crecimiento descontrolado en la glándula mamaria, derivando en tumores que pueden invadir tejidos o diseminarse a otros órganos. Frente a este panorama, Jennifer Rojas, referente de Prevención Oncológica del Servicio de Salud Antofagasta (SSA), enfatiza la urgencia de actuar a tiempo indicando que “la detección temprana puede salvar vidas de manera concreta. Muchas veces vemos que las pacientes dilatan su visita al médico por miedo al diagnóstico, por vergüenza o por el mito de que la mamografía es un procedimiento doloroso, es por ello que invitamos a todas las mujeres a perder el miedo y a realizarse sus exámenes preventivos según su edad y consultar de inmediato ante cualquier cambio en sus mamas, ya que la prevención y el acceso a un tratamiento adecuado son fundamentales para mejorar la calidad de vida y las posibilidades de recuperación”.
Aunque existen factores de riesgo no modificables como el envejecimiento, la exposición hormonal o las mutaciones genéticas hereditarias como BRCA1 y BRCA2 (genes que actúan como reparadores de las células para evitar el cáncer), cerca del 90% al 95% de los diagnósticos corresponden a casos en personas sin antecedentes familiares. Al respecto, la referente del SSA aclara que la ausencia de un historial genético no debe generar una falsa sensación de seguridad, ya que “existe la creencia de que, si no hay casos de cáncer de mama en la familia, no hay de qué preocuparse. La realidad clínica nos muestra lo contrario, la mayoría de las pacientes diagnosticadas no tenía ningún familiar directo con la patología. Por eso, la falta de antecedentes genéticos no debe ser motivo de relajación, todas las mujeres deben cumplir con sus controles periódicos y estar atentas a cualquier señal de alerta”, señala Jennifer Rojas. Asimismo, la especialista resalta el rol determinante del estilo de vida en la prevención, indicando que “hay factores que sí podemos modificar para reducir el riesgo. El consumo de alcohol, el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad postmenopáusica incrementan la probabilidad de desarrollar tumores. Promover hábitos saludables y la actividad física son herramientas de autocuidado sumamente valiosas”.
Mamografía y ecografía: pilares de tamizaje
El pilar fundamental e insustituible para el diagnóstico oportuno sigue siendo la mamografía, un examen de baja dosis de radiación que permite detectar lesiones no palpables antes de que se manifiesten clínicamente. En el sistema público de salud, este tamizaje está focalizado principalmente en mujeres de 50 a 69 años con una periodicidad bianual, procedimiento que dura entre 10 a 20 minutos. Por su parte, la ecografía mamaria se aplica como un método complementario en casos de alta densidad mamaria, caracterización de nódulos o como examen inicial en mujeres jóvenes, embarazadas o en lactancia, sin reemplazar a la mamografía como tamizaje masivo. Sin embargo, la prevención mediante estos exámenes debe ir acompañado con la atención a las señales del propio cuerpo. Desde el punto de vista sintomático, es importante recordar que no toda masa o bulto detectado corresponde a cáncer, pues la mayoría son patologías benignas como quistes o fibroadenomas, sin embargo, tal como lo menciona la especialista “cualquier nódulo nuevo debe ser evaluado en la Atención Primaria de Salud. Igualmente, es necesario consultar de inmediato ante señales como cambios en la forma o tamaño de la mama, retracción o secreción en el pezón, enrojecimiento, hundimientos o bultos en la axila”.
En materia de acceso, la patología está cubierta por las Garantías Explícitas en Salud (GES) para personas de 15 años y más, lo que asegura protección financiera y plazos legales definidos: 45 días para la confirmación diagnóstica, 30 días para el tratamiento primario desde diagnóstico de la extensión del cáncer y 20 días para el tratamiento complementario. Para responder a la realidad geográfica de la Región de Antofagasta y garantizar que la distancia no sea un impedimento de atención, Jennifer Rojas explica la logística desplegada a nivel regional. “Para las pacientes de comunas alejadas como San Pedro de Atacama, María Elena, Ollagüe o Taltal, la mamografía se gestiona a través de los municipios o mediante los convenios locales del Programa de Reforzamiento de la Atención Primaria de Salud (PRAPS). Por nuestra parte, desde el Servicio de Salud Antofagasta realizamos un monitoreo permanente del cumplimiento de las garantías GES y acompañamos a los equipos locales para fortalecer la gestión, asegurando que la distancia geográfica jamás se transforme en una barrera para recibir atención oportuna”, explica.
Finalmente, la referente de Prevención Oncológica del SSA manifiesta que “afrontar esta enfermedad hoy es muy distinto a lo que ocurría décadas atrás gracias a los avances médicos. Pero toda esa tecnología depende de un paso previo, acudir a tiempo. El llamado es a superar la barrera del miedo, agendar sus controles preventivos y hacer uso activo de la red pública de salud, recordando que la detección precoz es la herramienta más poderosa para vencer al cáncer de mama”.
