En el mes de la prevención del accidente cerebrovascular, el jefe del Servicio de Neurología del Hospital Regional de Antofagasta, Agustín Brante, explicó las principales señales de alerta, los factores de riesgo y las consecuencias de una consulta tardía.
La pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, las dificultades para hablar y la asimetría del rostro son algunos de los síntomas que pueden alertar sobre un accidente cerebrovascular (ACV). Ante su aparición, el jefe del Servicio de Neurología del Hospital Regional de Antofagasta (HRA), Agustín Brante, señaló que se debe acudir inmediatamente a un servicio de urgencia, incluso cuando estas manifestaciones desaparezcan.
El especialista explicó que algunos episodios pueden presentar síntomas transitorios que se resuelven espontáneamente, lo que no elimina la necesidad de recibir atención médica. “Cuando tenemos déficits transitorios que se resuelven, son avisos de que puede venir una embolia mayor, de mayor tamaño. Por lo tanto, aunque al paciente se le pasen los síntomas, tiene que consultar, de todas maneras, en un servicio de urgencia que pueda resolver la patología”, indicó.
Frente a estas manifestaciones, Brante recalcó que la consulta debe ser inmediata, idealmente en un establecimiento que disponga de exámenes de imagen, como escáner o resonancia, para realizar el diagnóstico y evaluar el tratamiento. Si la persona se encuentra sola, señaló que puede llamar al 131 para solicitar asistencia.
Respecto de la magnitud de esta enfermedad en el país, Brante señaló que en Chile se producen aproximadamente 40.000 casos nuevos de ACV al año, de los cuales 10.000 fallecen, lo que corresponde al 25%. “Estamos hablando de un ACV cada 15 minutos y un caso de fallecimiento por ACV cada hora”, precisó.
Factores de riesgo y prevención
El neurólogo identificó la hipertensión arterial como el principal factor de riesgo, seguida de la diabetes y el tabaquismo. Asimismo, explicó que el riesgo aumenta con la edad, especialmente después de los 60 años, aunque también se observan casos en personas jóvenes.
Para quienes no han presentado un ACV, el médico destacó la alimentación saludable, el ejercicio periódico, evitar el tabaco y disminuir el consumo de alcohol. En pacientes con antecedentes de esta enfermedad, enfatizó el control de las patologías crónicas y el cumplimiento del tratamiento indicado.
“Si se ha tenido un ACV y se tienen enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes, lo principal es mantener estas enfermedades bajo control con la toma de medicamentos de forma adecuada, con una buena adherencia al tratamiento”, sostuvo. A estas medidas agregó el cuidado de la alimentación y un buen descanso.
Consecuencias de una atención tardía
Brante explicó que acceder rápidamente al diagnóstico y al tratamiento puede permitir que una persona quede sin secuelas. En cambio, una consulta tardía puede derivar en dificultades para mover un lado del cuerpo o en dependencia para realizar actividades cotidianas.
Estas consecuencias también pueden afectar la continuidad laboral y requerir cuidados por parte de familiares. “Las secuelas no son menores; es un daño tanto para el paciente, para la familia y para el tejido social”, expresó.
El especialista agregó que, en algunos casos, la recuperación requiere procesos prolongados de rehabilitación, que pueden superar los seis meses. Por ello, reiteró la necesidad de reconocer las señales de alerta y acudir inmediatamente a urgencias, aunque los síntomas se hayan resuelto.
