Parcos y solidarios: académico UA explica por qué en el norte celebramos distinto el 18

El director del IIA, DR. Claudio Cortés Aros analizó por qué las Fiestas Patrias en Antofagasta no son iguales a las del centro y sur del país.

Hay varias preguntas que surgen en el marco de las Fiestas Patrias en el norte del país. Algunas de ellas son: ¿existe una forma nortina de celebrar el 18 de septiembre?, ¿Por qué en Antofagasta se dice que se vive con menos entusiasmo que en el sur? El director del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, dr. Claudio Cortés Aros, fue tajante: claramente no.

“De hecho, todo el ethos nortino, de dónde se forja esta identidad, es un contexto completamente distinto”, comienza explicando.

El académico recordó que los territorios del norte tienen un antes y un después marcado por la Guerra del Pacífico. Lo que hoy es la Región de Tarapacá era Perú y Antofagasta de Bolivia, pero el 18 ya se celebraba incluso antes de la anexión chilena, porque había una alta población de connacionales en la industria salitrera.

“En este contexto territorial donde confluyen varias nacionalidades, también se celebraba el 18. Convivía con las fiestas de Perú el 28 de julio y la de Bolivia el 6 de agosto”, precisó. De esta manera, explicó el académico, el Estado tiene esa capacidad, porque la identidad no solo la construimos a nivel individual, ya que el Estado tiene esa capacidad de otorgar un repertorio para fortalecer ciertos elementos que están muy asociados con la idea de la patria, por ejemplo, los símbolos patrios.

“En Antofagasta, con mayor proporción de chilenos, la nacionalización fue distinta a Tarapacá, donde había una gran población peruana y el proceso de chilenización a principios del siglo XX, fue mucho más violento y mucho más dramático”, aclaró.

El rol de las escuelas.

La escuela jugó un papel fundamental en el proceso de chilenización. Las escuelas del interior, en los territorios indígenas, se configuraban no solamente como un lugar de educación, sino que existían para poder recoger, por ejemplo, la llegada de tropas, de acuerdo a lo indicado por el historiador Sergio González Miranda. Además, el académico de la UA, dio a conocer testimonios de Tarapacá donde a los niños que hablaban Aymara “los profesores les pegaban en la boca”.

¿Mito o realidad?

Con respecto al mito de que en el norte se vive con menor entusiasmo el 18, el antropólogo fue claro: “De partida, todas las cosas son distintas, comenzando con los territorios y las formas de celebrar. Mientras que en el sur la celebración se mezcla con fiestas campesinas, con cordero y juegos tradicionales, en el norte los recursos, la geografía y la historia imponen otras formas”, aclaró.

Junto con lo anterior, explicó que aquí conviven la ramada tradicional con la Diablada, los Bailes Chinos, el Huachitorito y la Cueca Nortina. Esto, se explaya Cortés Aros, tiene que ver precisamente con el contexto de estos territorios, que nace de esta visión más plural, de tener una identidad donde múltiples identidades conviven.

Además, recordó que a principios del siglo XX en Tarapacá había reportes que criticaban que en el interior se celebraban más las fiestas patronales que las nacionales. Consultado sobre cómo viven el 18 las comunidades atacameñas, quechuas y aymaras, Cortés sostuvo que la fiesta ha ido permeando a través de la educación y la cultura cívica que la escuela canaliza.

La identidad nortina: parcos y solidarios.

En este contexto surge otra pregunta: ¿Qué nos distingue? Para el director del Instituto de Investigaciones Antropológicas, la identidad del norte es un “milagro creativo, capaz de extraer desde el desierto la riqueza y de soportar un territorio que siempre será agreste”.

Eso explicaría, según su análisis, el estereotipo del nortino, parco y menos sociable que en el sur, ya que el territorio del desierto nos marca mucho. Pero, en contradicción, esa aparente frialdad que se formó en la amplitud del desierto, ante pueblos tan lejanos, además, forjó otro rasgo: una solidaridad de base que tiene mucho que ver con la identidad nortina, nacida en la faena salitrera, donde se compartía la opresión social más allá de la nacionalidad.

Así, el 18 en el norte no es una copia del centro-sur, sino una celebración mestiza y resiliente, forjada entre el desierto, la migración y la historia salitrera.

 

 

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