Más que entretención: ¿cómo el juego impulsa el aprendizaje en la primera infancia?

El juego es mucho más que una actividad recreativa. En el marco del Día Internacional del Juego, especialistas destacan que jugar cumple un rol fundamental en el desarrollo integral de niñas y niños permitiéndoles explorar el mundo, expresar emociones, fortalecer vínculos y desarrollar aprendizajes esenciales.

 

Estrategia pedagógica clave. En la educación inicial el juego es reconocido por expertos en el tema, como un método de enseñanza fundamental para facilitar aprendizajes. A través de experiencias lúdicas, niñas y niños potencian habilidades cognitivas, sociales y emocionales, mientras desarrollan capacidades como la creatividad, la autonomía, el lenguaje, la comunicación y la convivencia.

En este contexto, especialistas de Fundación Educacional Oportunidad y del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile abordaron la relevancia del juego en el aprendizaje y el desarrollo infantil.

 

Habilidades socioemocionales y creatividad

 

Especialistas coinciden en que el juego cumple un rol clave en el fortalecimiento de habilidades socioemocionales desde los primeros años de vida. Marcela Pardo, académica del Instituto de Estudios Avanzados en Educación e investigadora del CIAE de la Universidad de Chile, indicó que “al jugar, los niños aprenden a relacionarse con otros, compartir, negociar y resolver conflictos, fortaleciendo también su capacidad de expresión. Además, el juego favorece la resiliencia, ya que pueden explorar temores y construir confianza en sí mismos”.

En tanto, Llery Ponce, académica e investigadora del CIAE, mencionó que el juego permite que niñas y niños expresen y elaboren emociones en un contexto seguro y significativo. “A través del juego pueden representar situaciones cotidianas, asumir distintos roles, enfrentar desafíos y desarrollar confianza en sus propias capacidades”, sostuvo.

 

Por su parte, Paula Armijo, jefa del programa Un Buen Comienzo de Fundación Educacional Oportunidad, explicó que “cuando las niñas y niños juegan, aprenden haciendo, exploran y toman decisiones. El juego los sitúa en un rol activo y protagonista de sus aprendizajes. Además de facilitar la adquisición de conocimientos, les permite desarrollar habilidades de comunicación, pensamiento, coordinación, creatividad y cooperación, aprendiendo también a respetar normas y turnos”.

La especialista agregó que el aprendizaje basado en el juego promueve experiencias significativas y duraderas. “Cuando existe una intención pedagógica, el juego se transforma en una estrategia fundamental para favorecer aprendizajes profundos y el desarrollo integral. En este contexto, el juego es también un motor fundamental para el desarrollo del lenguaje en la primera infancia”, señaló.

 

 

Pensamiento divergente y equilibrio

 

Según Paulo Barraza, académico e investigador del CIAE, la evidencia demuestra que jugar fortalece habilidades esenciales para el aprendizaje escolar y la adaptación social. “El juego favorece funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva, además de potenciar la atención, la planificación y el desarrollo del lenguaje”, afirmó.

El investigador destacó especialmente el valor del juego simbólico o imaginativo, donde niñas y niños crean personajes o situaciones ficticias. “Este tipo de experiencias promueve el pensamiento divergente, es decir, la capacidad de generar múltiples ideas y soluciones novedosas frente a un problema”, explicó.

Respecto a cómo ha evolucionado el juego a lo largo del tiempo, Paula Armijo de Fundación Educacional Oportunidad, señaló que hoy existen nuevas oportunidades de aprendizaje gracias a la incorporación de recursos tecnológicos e interactivos. “Estos cambios han ampliado las formas de explorar y aprender, favoreciendo experiencias visuales, auditivas e interactivas”, comentó.

Sin embargo, enfatizó que la tecnología no debe reemplazar el juego activo, corporal, simbólico y social. “Ese tipo de juego sigue siendo esencial para el desarrollo integral en la primera infancia. La clave está en utilizar la tecnología de manera equilibrada, con sentido pedagógico y considerando la edad y necesidades de cada niño y niña”, concluyó.

 

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